Autorretrato
Hela aquí:
A menudo me pregunto
qué puedo aportarle a la poesía,
si ya hay poetas mejores que yo
con vidas más interesantes que la mía.
Y es que ojalá pudiera ser
ese artista de alma perdida,
que escribe poemas en la azotea
al amparo de la noche fría;
ojalá corriera la pluma, y los versos,
y saliera la imaginación despedida,
seducida por las luces tristes
de una ciudad que yace dormida.
Ojalá, al abrigo de las estrellas
escribir bella poesía
sobre el amor, el ser, la soledad,
y el sentido de la vida.
Me parece una personalidad fascinante,
pero pese a que me enamora,
me encanta, me encandila,
tarde o temprano he de asumir
que jamás será la mía.
Tal vez soy más simple, más plana
más sencilla,
pero la vida bohemia me parece lejana
y lo admito, mi poesía no es tan fina.
Porque no es una poesía cultivada
con cada palabra elegida,
no hay una métrica cuidada
no hay una técnica pulida.
No son frases engalanadas
ni está con oro cosida,
más bien es abrupta, fea, plana,
sale plasmada tal cual es vivida.
Y es que el cuchillo, cuando desgarra
no deja una limpia herida;
no hacen los nudillos bellas marcas,
ni se puede sangrar purpurina.
La poesía es un acto de resistencia
y como arma ha de ser blandida,
y si nace del dolor y la impotencia
en versos bellos no puede tener cabida.
Podría yo también, si quisiera
cantarle al amor y a las margaritas,
pero no creo en la poesía banal
en un mundo injusto,
no creo en la poesía que escapa
cuando se la necesita.
Hasta que dejen de doler las heridas ajenas
no podré cantarle a la vida,
hasta que no seamos libres de nuestras cadenas
no escribiré sobre la alegría.
Si la realidad es sucia, cruel e inmunda,
sucia, cruel e inmunda será mi poesía
y si no es bella, que no lo sea:
es sincera, es cruda, y es mía.
- S.
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