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Dulce Derrota Gris

domingo, 1 de abril de 2018


Yo te juro que no lo quería.
Caminé sola, con los pies descalzos,
perdiéndome casi sin querer querer.
Hice del hielo un hogar,
abracé el eterno Invierno como la inevitable consecuencia
de haber estado una sola vez bajo el sol;
gasté los besos que me quedaban en la nieve,
me acurruqué en el suelo,
y me resigné a resistir.
Yo te juro que no te quería aquí.

Era un plan sin fisuras.
Perderme, esconderme, cerrarme,
Y que la vida siguiera, si acaso, allá a lo lejos,
donde fuera, como fuera, sin mí.
Estaba tan cerca. Todo estaba bien atado.
La sangre fluía impulsada por la mecánica bomba de la rutina,
y el corazón, congelado,
podría estar intacto, forevermore.

Pero llegaste.
Cuando menos te quería,
Cuando más te necesitaba.
Mi Revolución de Octubre,
tiñendo de rojo el asfalto gris.

No había ningún palacio,
mi cuerpo era el Invierno,
así que me tomaste, entera, por asalto,
y, el corazón, asustado,
se olvidó de que tenía que dejar de latir.

Mi plan ha fracasado.
Ahora vuelve Bécquer, vuelve la poesía,
vuelve el cuaderno en el que brotan los versos
en el que apuñalo palabras porque es el papel, o explotar,
vuelve sentir, intensamente,
pese a todas las medidas que tomé para que no volviera a ocurrir.

Eres la llama que derrite mi derrota,
quemando todo lo que construí.
No te apagues nunca.






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