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Reclamaciones

viernes, 24 de marzo de 2017

Tuve, hace muchos años, una profesora muy estricta, que nos obligaba a emplear las palabras precisas, los términos correctos, las letras justas. Y más de una vez nos decía, con la voz seria y alta de quien se sabe el amo, que la poesía no se recita, la poesía se declama. Yo, en esos momentos, me lo creía. Y lo apuntaba en el margen de mi cuaderno, al lado de lo que estuviera escribiendo en ese momento, para que no se me olvidara: una y otra vez, cada vez que lo repetía, y mi cuaderno estaba plagado de pulcras anotaciones de esto y aquello, y entre ellas, recurrente, aparecía esa.

 “La poesía no se recita, la poesía se declama.”

Pero los años, y los ojos, me han hecho sentirlo diferente. Porque los años me hacen mayor, y los ojos me hacen ver y leer, y vivir y sufrir, y la suma de todo me ha hecho pensar, y cuando uno ha pensado y ha pensado bien tiene que decirlo sin titubeos:

No niego que la poesía no se recite. Pero tampoco se declama.

La poesía, si acaso, se reclama.

La poesía es lo que se arranca de las garras de la injusticia. La poesía es ese retal de ropa que se rompe, se desgarra, cuando uno se agarra con todas sus fuerzas a lo que cree correcto y se defiende con uñas y dientes de quien pretende despojárselo. La poesía es lo que se desgarra, cuando uno muerde y araña. La poesía está en la carne viva y las cicatrices, en la mirada de quien no se tiene en pie y aun así se levanta. 

La poesía es lo que queda cuando una guerra está perdida. La poesía se recoge del suelo, de entre la sangre y la metralla, sucia de polvo y de muerte, y se guarda casi como una medalla, como recuerdo de que, en algún momento, alguien luchó.

La poesía es la memoria del loco. La poesía es la prueba de que algo sucedió, cuando los años y el olvido y las malas intenciones quieren borrarlo de la Tierra y de la piedra. La poesía es el grito de las gargantas desgarradas. Son las palabras de quien ya no tiene voz, es el eco que retumba y resuena y agita las conciencias de quienes se paran a escuchar.

Y la poesía es de quienes la necesitan.

Pero ha estado tantos años perdida, disfrazada, engalanada con mordazas de seda y grilletes de oro, atada con hilos como una marioneta para el divertimento de los poderosos, que ha sido robada de aquél que necesita consuelo. Y la poesía ya no se arranca, ni se recoge, ni grita, ni guarda. Ni se recita.

Pero tampoco se va a declamar.


Porque la poesía es nuestra, y hemos vuelto para reclamarla. 

Sobre ti

jueves, 23 de marzo de 2017

(La primera descripción que hice, hace mucho, mucho tiempo... Traducido del inglés, que fue la lengua original en la que lo escribí)

He estudiado Astronomía. He aprendido que, en la infinita inmensidad del Universo, no somos más que una mera mota de polvo. Que en sus miles de millones de años de existencia nuestras vidas, por largas que parezcan a nuestros mortales ojos, no son más que un segundo. Que imperios han caído en lo que dura un parpadeo. Pero los átomos que nos forman son eternos. Antes de que fuéramos tan siquiera una promesa, una idea, esas partículas se forjaron en el corazón de una Supernova. Y cuando muramos, esos átomos caerán al suelo, hasta que un pequeño microorganismo los recoja, y la vida continúe. No somos nadie.

También he estudiado Biología. He aprendido que hay un mundo entero dentro de nosotros. Que somos el hogar de tantas células, tantos organismos que ni siquiera llevan nuestro ADN, y aun así, para ellos, somos todo, su Universo, todo lo que conocen y jamás conocerán. Que hay tantos procesos que están dando lugar en este momento, con tantas pequeñas vidas en juego… que somos tan complejos y  tan inmensos.  Que somos descomunales, infinitos. Que lo somos todo.

Y me costaba comprender aquello, que mi cerebro procesara y por fin entendiera como algo minúsculo puede ser gigante, como una pequeña mota de polvo podía guardar el infinito dentro de sí.

Y entonces, nos conocimos.

En el gran esquema de las cosas, es alguien tan pequeño… y sin embargo, puedo jurar que tiene galaxias enteras pintadas sobre su piel. Estrellas y constelaciones que no me cansaría de recorrer, de observar con la misma devoción y asombro con el que se mira a las noches estrelladas. Y cuando lo haces, cuanto está oscuro, y hace frío, y te sientas sobre la hierba y miras arriba -miras abajo- y frente a tus ojos se halla Orión y te preguntas cuántos años luz te separan de él -cuando miras las pecas de su nariz y te preguntas si algún día reunirás el valor de saltar los meros centímetros que te separan de ella- te parecen tan grandes. Y tú tan pequeña. Y lo quieres capturar con tu cámara, con la esperanza de poder robar un poco de esa belleza para ti, pero sabes que no tienes el talento, la habilidad, y casi parece una blasfemia relegar tal escena a una mera foto borrosa. Así que te quedas sin palabras, porque, de repente, te sientes tan pequeña. Tan limitada. Tan mortal. Y frente a ti, la inmensidad. El infinito.

Pero sé que su cuerpo es finito. Lo sé, sé que si me pusiera a contar todas y cada una de las células que lo forman, cada átomo, algún día acabaría, un día encontraría el número y ahí estaría. Y mi trabajo acabaría. Pero, por suerte, la ciencia está de mi lado en esto, y conozco a Georg Cantor, y se que hay infinitos números entre el 2 y el 3, y entre el 2,1 y el 2,2 , y entre el 2,11 y el 2,12… y eso me hace respirar tranquila, saber que se puede sacar el infinito de lo finito, y mi pobre cerebro no se rompe intentando explicar por qué me pierdo tanto en sus ojos azules. No creo que a Cantor le importe, pero le doy las gracias por demostrarme que el Infinito cabe en un solo cuerpo.

Es un ser humano. Es una persona, como yo, como los 8 mil millones de personas que pueblan esta tierra, los miles de millones que la recorrieron antes de nosotros, y los miles de millones que vendrán. Sus átomos son los mismos que los míos, el mismo Carbono, el mismo Oxígeno, el mismo Hidrógeno. Pero, cuando yo me miro al espejo, solo me veo a mi, y cuando le veo, juro que puedo ver las estrellas y galaxias de las que esos átomos vinieron. Comparte el 99% de su ADN con cualquier otro humano, pero es su risa la que desencadena una reacción en mi que ninguna terremoto podría igualar. Es su voz la que quiero oír, su cara la que hace que mi corazón se sienta muy grande y mi pecho muy pequeño. E intento respirar hondo, pero todo el oxígeno de la atmósfera no sería suficiente. Es un humano, y en la historia del Todo no es más que una mota de polvo, pero para mí significa más que un millón de sistemas planetarios y toda la materia que puedan contener.

He estudiado ciencia. Y puedo nombrar todos los compuestos químicos que toman parte en el proceso de la felicidad, del amor, nombrar la formula exacta de la sustancia que me causa mariposas en el estómago, que hace que mi corazón lata y me quede sin aire, pero, por mucho que lo intente, no puedo decir qué parte concreta es la que desencadena eso en mi. 


O, a lo mejor son demasiadas cosas, demasiados pequeños detalles, y si nunca me atrevería a intentar contar todas las estrellas del Universo, ¿por qué debería intentar nombrar todos sus detalles, de mi prueba viviente de que los humanos tenemos el Universo dentro de nosotros?

Autorretrato

domingo, 19 de marzo de 2017

Creo que empecé la casa por el tejado, subiendo directamente mis poemas sin hacer primero una introducción, un manifiesto, una declaración de intenciones.

Hela aquí:

A menudo me pregunto 
qué puedo aportarle a la poesía, 
si ya hay poetas mejores que yo 
con vidas más interesantes que la mía.

Y es que ojalá pudiera ser 
ese artista de alma perdida, 
que escribe poemas en la azotea 
al amparo de la noche fría;
ojalá corriera la pluma, y los versos,
y saliera la imaginación despedida,
seducida por las luces tristes 
de una ciudad que yace dormida.
Ojalá, al abrigo de las estrellas
escribir bella poesía
sobre el amor, el ser, la soledad,
y el sentido de la vida.

Me parece una personalidad fascinante,
pero pese a que me enamora,
me encanta, me encandila,
tarde o temprano he de asumir
que jamás será la mía.
Tal vez soy más simple, más plana
más sencilla,
pero la vida bohemia me parece lejana
y lo admito, mi poesía no es tan fina.

Porque no es una poesía cultivada
con cada palabra elegida,
no hay una métrica cuidada
no hay una técnica pulida.
No son frases engalanadas
ni está con oro cosida,
más bien es abrupta, fea, plana,
sale plasmada tal cual es vivida.

Y es que el cuchillo, cuando desgarra
no deja una limpia herida;
no hacen los nudillos bellas marcas,
ni se puede sangrar purpurina.
La poesía es un acto de resistencia
y como arma ha de ser blandida, 
y si nace del dolor y la impotencia
en versos bellos no puede tener cabida.

Podría yo también, si quisiera
cantarle al amor y a las margaritas,
pero no creo en la poesía banal 
en un mundo injusto,
no creo en la poesía que escapa 
cuando se la necesita.

Hasta que dejen de doler las heridas ajenas
no podré cantarle a la vida,
hasta que no seamos libres de nuestras cadenas
no escribiré sobre la alegría.
Si la realidad es sucia, cruel e inmunda,
sucia, cruel e inmunda será mi poesía
y si no es bella, que no lo sea:
es sincera, es cruda, y es mía.


  • S.

Lo siento si no es la respuesta que esperabas

viernes, 10 de marzo de 2017

Tengo 13 años cuando me dices
que te gusta ser mi amigo
porque no soy como las demás.
Y me lo dices como un cumplido.

Tengo 13 años, y odio el rosa
porque el rosa es de las niñas
que no piensan en otra cosa
que en el maquillaje, los chicos 
y los vestidos. Y yo no soy así.
Mi cabeza está llena de pájaros
de libros, de sueños, de historias.
Está llena de tantas historias…
Y las historias se escriben 
a tinta negra, como la noche
como los cuervos. No a rosa,
porque el rosa es de niñas,
niñas que no piensan en las historias,
por eso no soy como ellas.

Tengo 15 años cuando me dices 
que te encanto, que te intrigo
porque no soy como las demás.
Y me lo dices como un cumplido.

Tengo 15 años, y no me maquillo,
porque maquillarse es para las chicas
que en la cabeza sólo tienen grillos,
las que ocupan sus vidas en su aspecto
y en su físico. Y yo no soy así.
Yo aún me muevo por la vida 
dando tumbos, a ciegas,
pero ya estoy segura de que mis ideas
pesan más que mi frágil cuerpo,
que no valgo lo que vale mi aspecto.
No me maquillo, porque maquillarse
es de chicas, y las chicas están vacías
de ideas, vacías por dentro, y yo estoy llena
por eso no soy como ellas.

Tengo 17 cuando me dices
que por favor, salga contigo
porque no soy como las demás.
Y me lo dices como un cumplido.

Tengo 17, y me desvivo
por no ser lo que son las chicas
que se conforman con ser un estereotipo,
las otras, las ajenas; yo intento a duras penas
demostrarte que no soy así. 
Porque yo no se quién soy, pero 
sé que no quiero que me arrojes
al saco de las que no consideras buenas,
las indignas, las inferiores, las demás.
No quiero que nadie tenga esa idea de mí.
No soy una chica, porque las chicas
son sólo un conjunto de normas estrictas
y yo quiero seguir lo que mi corazón dicta
por eso no soy como ellas, lo prometo.

Y ahora tengo 19, y me dices
qué suerte, haber dado conmigo,
porque no soy como las demás.
Y pretendes que sea un cumplido.

Tengo 19, y visto de rosa.Tengo 19, y me maquillo.
Tengo 19, y cumplo todos los puntos de la lista
en la que encasillas a las demás chicas.
Pero, porque tengo 19, y mi cabeza 
sigue llena de historias, y mis ideas 
siguen pesando más que las cadenas,
sé que no he nacido para agradarte,
que no tengo que competir con mis hermanas
por tu aprobación, porque no es pan
y no somos patos en un estanque.
He dado muchos tumbos, me he peleado
con mi feminidad, conmigo, me he odiado.
Me he odiado tanto….
Y no quiero odiarme más. 
Y no quiero odiarlas más.
Son mis hermanas, no las demás
y no voy a dejar que creas, ni por un suspiro,
que desligándome de ellas
me haces un cumplido.


- M. 


(Dedicado, no sin cierta acritud, al tipo que intentó ligar conmigo diciéndome que era raro encontrar una chica como yo.)

Quererte como acto revolucionario

jueves, 2 de marzo de 2017


Cuando nos quieren invisibles,
porque nuestra existencia resulta
molesta, difícil, disgusta,
cuando sólo somos aceptables
si somos un secreto;
cuando toleran nuestra presencia
sólo si miran hacia otro lado,
cogerte de la mano 
es un acto de resistencia

Cuando la calle es un campo de minas,
y cada persona una ruleta 
a la que jugamos la propia vida,
cuando la inseguridad y el miedo
aguardan en cada esquina;
cuando una multitud es tentar al diablo
y cada muro un paredón,
darte un beso, frente a todos
es un acto de rebelión.

Cuando el mundo nos quiere
con condiciones,
cuando nos quieren a trozos,
nos quieren por piezas,
cuando quieren lo que ven
sólo porque ven lo que quieren,
querernos al completo, sin reservas,
de corazón,
es nuestra pequeña revolución
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